
foto de William Ospina
“El poemario capturó mi atención desde la primera mirada porque está enmarcado en la filosofía tántrica… Se levantaron alborozados mis recuerdos de adolescencia al explorar el campo quieto de este libro. Un poco a ciegas, incursioné muy joven en la literatura de la India, y sin comprender los pensamientos que encontraba, me enamoré de las palabras con que eran expresados. Muestra: ‘Cuando el chela está preparado, llega el gurú’, es decir, ‘Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos de sabiduría’.
“El tantra es el diálogo de Shiva y Dirga o Sakti. Ésta es el poder femenino que genera energía… El tema no es determinante para premiar un poema, sino el tratamiento que el poeta da al tema y la medida en que las palabras se convierten en música… Imposible pasar inadvertida la inteligencia con que selecciona esta escritora las palabras, que amplían e iluminan el diccionario del lector:
“Con ese Dios tan mudo, lo único que oigo es el estridor de los grillos, las cigarras y los demás músicos del campo. ¿Qué respuesta había de darme quien tiene los labios zurcidos con alambre de púas?”
Carlos Moncada, profesor de literatura, se dijo complacido de ser el único comentarista porque varios hacen pesadas las ceremonias, y manifestó que el ideal es suprimir por completo a los presentadores para que los poemarios se presenten a sí mismos. Invitó al público a imaginar la llegada a la sala donde habría, en urnas de cristal, poemas completos o “sólo versos aislados que alentaran el deseo de buscar los restantes: sería un paseo dulce o triste o melancólico o alegre, sin trayectoria predeterminada, y no importaría el orden del recorrido. Tendríamos la impresión de que ayudábamos a Francoise a armar sus poemas y el libro entero con piezas de oro y plata de un delicado rompecabezas. Y junto a ella, descubriríamos la poesía”.
Comentarios del Profesor Carlos Moncada Ochoa acerca de Todo lo que está aquí, está en otra parte
Cuando la diosa Nut abre su boca y el divino contacto de su aliento con la capa más frágil de la noche crea el sol de cada día, entonces, por una suerte de inescrutable designio, empiezan a gestarse los ritmos, las cadencias, las imágenes que habrán de configurar esto que conocemos como la poesía de Francoise Roy. Nada más ajeno a ella que las prevaricaciones de los mercaderes en el Templo, la estólida sustancia de los descreídos, las monedas de falso cuño, de opaco rumor. Todo en ella tiende, por su propia vocación levitante, a tornar las raíces del misterio en arrebato de meteoro, mas no se piense que hay aquí un duelo de titanes. Lo que en ella opera es una delicada alquimia, un desplazarse de trabajadas materias recogidas a fuerza de jugarse el todo con el delirio; una sustracción bien calculada en el magma palpitante de los sueños; un distraído flujo del verbo poético que avanza como hechizado, como víctima gozosa de su propio encantamiento. La poesía de Francoise Roy es el testimonio de que no sólo es posible sino indispensable alzarse contra la corriente de los tiempos, hasta fundirse con la fulgente cifra del comienzo.
Jorge Esquinca
Se le entrega a Françoise Roy (Canada) el Premio Ditët e Naimit (“Días de Naím”) 2008 por el ritmo poético de su trabajo, que se combina con la dinámica de la vida cotidiana contemporánea; por su imagería nítida y dramática; por sus paradojas y su lógica del absurdo; y por la intensa experiencia de un mundo metafísico íntimo que se trasmina en él.
Dr. Agron Tuffa, presidente del jurado
FRANCOISE ROY: AZOTE, Y BESO PARA REPETIR EL AZOTE
Miguel García Ascensio
La novela, el cuento y la narrativa han sido los géneros “propios” para el despliegue y desenlace de conflictos y truculencias. Los personajes hilvanan y deshilvanan historias en el límite, van de lo intrascendente a una concatenación de hechos que culminan en catástrofe personal o familiar.
El poema o la prosa poética favorecen menos el ejercicio de buscar el punto esquizoide y neurótico del lector, que sin duda queda claro por la gracia del o la poeta que reconstruye el caos a punzones de bilis. Su dominio del lenguaje rehuye caer en el panfleto o la descripción cruda de un mar de patologías.
Una clasificación fácil, los y las enclaustra en el marco de los poetas malditos. Deberíamos hablar también de poetas malditas. En general más malditos o malditas entre mayor fuere el repudio (con su vida y textos) a los dictámenes de una sociedad hipócrita. Entre más esquiven solapar el “confort” de las “buenas conciencias” y la pulcritud “depurada” de la imagen física.
Francoise Roy va a la prosa poética armada de cilicios, lo que de golpe enfrenta al lector a dificultades para penetrar a su horizonte de espadrapos.
El lector naufragará o saldrá ileso de túneles saturados de magma, de sutiles escatologías e imágenes que esbozan un ambiente gris.
Sin embargo, esta poeta no es una poeta maldita, aunque maldiga tan bien y con tal oficio. Su voz no es un plañir desaforado, sí la palabra contundente y la imagen que devela a la vez que vela un maremagno de conflictos.
Le voile premier-El velo uno, poemario en español y francés, no huye de la paradoja, de los campos semánticos en pugna, de la aparente contradicción, del juego de palabras que denuncian un juego más hiriente que las palabras mismas: la realidad es un devenir de horas en que la sangre invisible no es sangre, pero sangra, y el amor corroe los labios del sujeto o sujeta-besada. La sujeción como premisa. La ternura para sujetar más. El ciclo de la violencia verbal de ida y regreso: “lo que te nutre me mata”, “dulzura que me corroe hasta el tuétano”, “Córtame en dos, y dame en la nuca, en la sien, el beso de gracia”, “la danza fúnebre es en mí oración nupcial”, “cualquier cosa de raspar ha de servir para que dichoso me arranques el amor como se arranca una costra”…
“Violencia verbal” es una frase inofensiva si desconocemos lo que ésta involucra: flagelo que permite o cultiva el o la flagelada, dinámica del círculo torturador: azote y beso para disimular el azote, insulto-regalo, zancadilla-elogio, domesticación-discurso para encubrirla, ramillete de azalias después de la humillación en privado. El flagelador murmura al oído: “no acontece nada”, cuando el golpe en sí constituye un infame acontecimiento.
Si este poemario gritara más de lo que grita y evidencia, perdería eficacia: que el lector intuya en la densidad de las imágenes, de las declaraciones de amor-odio, los fragmentos de una constante ruptura, de un semen coagulado, del montaje para la real esclavitud o dominio del otro.
Texto clarificador para entender los mecanismos de la trampa en que se envuelven los amantes. Entrega de síntomas y diagnósticos. Cirugía a corazón abierto, para que sin aleccionar, aleccione.
Los temas son varios y uno el velo que insinúa más de lo que enuncian los campos semánticos del dolor que no suelta una lágrima, aunque llore, que no disiente de las heridas, pero las encubre y recubre en el centro del martirio o del automartirio: espada en la mano, boca en los dientes, soldadura, tormenta, coz, roer, vorágine, precipicio, luz negra, tajo de hierro candente, puñal, lijas, cuerda floja, abscisa en llamas, cordón filoso, corte de cuchilla, estilete, veneno, trepanación, guillotinar, silla eléctrica, néctar indigesto, espátula, rastrillo, alambre, esqueleto… ¡uf!, ¡basta!
Son muchas las entrelíneas, las imágenes desdibujadas, para que el lector una los puntos, interprete el odio pertinaz, indague en lo hermético de los símbolos, que ocultan sin ocultar, disfrazan sin disfrazar.
En ocasiones el discurso explota de un párrafo a otro. Dislocado, pide la gracia del ritmo y éste acude en su ayuda.
En dosis mesuradas, el surrealismo añade velos, veladuras.
Para “compensar” este agravio, entra el enigma en juego, sin que la autora nos avise: a ver cómo respondes a muchas interrogantes, o cómo preguntas cuando no hubo respuesta: *¿veneno de agua estancada que he de sorber?, ¿amante tuya en la crujía?, ¿bebedizo con que me habías de envenenar?, ¿ponzoña por elíxir?, ¿tu cordel que se desenrolla en mi cuello?, ¿sangre que bebiste de mí hace mucho como un murciélago de sed?, ¿baño maría de corneas en almíbar y corazones al marrasquino?, ¿no hay poema sobre la muerte que no hable de ti entre mis piernas?, ¿La sed, la apaciguo bebiendo de tus venas?, ¿cada vez que me tocas, me dejas con un hambre de país devastado por la guerra y la sequía?, ¿cordero de lobo?, ¿hambre de carnero sacrificial?, ¿a mi cuerpo místico le crece dentadura?, ¿golpe de hierro en el mármol, vendaval que arranca una vela y la hace jirones en la furia de la tempestad?, ¿mortaja sobre un cuerpo de vivo?, ¿nuestra cárcel es tan grande que no me basta el mundo de los vivos para recorrerla toda?, ¿vientos sobrenaturales en la cara y aguijones en la espalda?, ¿te tengo aquí, yo, tu manzana, tu flor, tu puñal?, ¿estás hecho para la hoguera verdadera, la de las partes más sutiles?, ¿un día, mi mano será tan delgada, translúcido pañuelo al fin del brazo, que tus sonidos la atravesarán sin quebrarme la línea del corazón?, ¿ahora mi alma está encerrada en ti a cal y canto?*
La afirmación no excluye preguntas, y viceversa.
“Después de su sangre, lo mejor que el hombre puede dar es una lágrima”. Cita de Lamartine. Y también el trasfondo del poemario, una memoria que esparce trapos viejos, los desentierra y los vuelve a enterrar.
Poemario complejo, tanto como la realidad neurotizada; esoterismo a gotas, número trece cuando la Rueda de la fortuna gira sin un ojo en la frente, sin día segundo, y bastantes escorpiones. Cultura hindú, vírgenes en destemplanza, alucinación, bruma, niebla… velos. Una de las intenciones: dejar a la palabra al filo de la ambivalencia.
Porque nos influye el pensar judeo-cristiano, los intertextos bíblicos abundan: Cristo paradigma de hecatombes, tesitura de coágulos, verdugo del que se apasionan los sobrevivientes; el dios trino y uno, soneto de amarguras y ovación cuando el hombre y la mujer sufren; la virgen o vírgenes a expensas del cordero, en este caso, con piel de lobo y dentadura de cocodrilo; el santo grial dispuesto para comuniones de lumbre: “Yo que he sido sacada de la costilla de la incertidumbre, me asusto: soy el caballo encabritado ante un escorpión. Y aunque dos infinitos metros nos separan, tú posas los dedos sobre mi hombro”.
“Quítame esa muerte de encima, tu puño que se hunde en lo más profundo de la garganta”: con esta oración, a la vez que anhelo, resulta agradable concluir, porque la muerte es negaciones o exterminio.
* A partir de las interrogaciones (o lo “encerrado” en asteriscos), las líneas son textuales, solo que en el poemario no las formuló su autora como preguntas.
Sí, velos
También hay relojes de sangre; la gente suele llamarles el corazón
Camilo José Cela
Sí, velos. Lo envuelven. Como las estaminas en el arreo de la rosa negra que eres, invierno precoz, coz de la memoria que me roe.
Sí, velos. Lo envuelven en paños místicos donde el lienzo de Turín halla su doble.
Tú llegas y alzas los velos, alzas y alzas, y justo en medio de la col de velos, diminuto y frágil, anémico y embebido de tu más espesa sangre, lo encuentras. Tanta solitud hay en él, y lo levantas, mío en tus manos trémulas.
Eso que en sordina me late. Eso de Dios.
Quítame esa muerte de encima
Quítame esa muerte de encima, tu puño que se hunde en lo más profundo de mi garganta.
Retira el golpe enguantado de blanco que me asestas, tu licor en la más alta concentración.
Quítame ese dolor de gangrena en la rosa del estómago, la punzada en el cortejo doble de los ovarios, y restaura en mí la liquidez del fuego inicial, savia que fluye por el delta de las venas.
¡Sopla! (tú, el experto en soplos y alientos sobrenaturales).
¡Sopla encima de las imágenes con tus labios en forma de cálamo para que vuelen lejos de mí!
Mitad y mitad
Ya que no se puede la hierogamia completa, tal vez una media hierogamia.
Vieras qué resignada me he vuelto bajo la lámpara clara de tu paz. Si no me toca un ángel entero, me conformo con medio ángel.
Se le practicará un corte vertical.
Te participo de antemano que elijo la mitad donde está el corazón. Te dejo la que tiene el hígado (supongo que un ángel no tiene apéndice). Te dejo la que tiene la vesícula biliar.
Tú sabes convertir la bilis en perfume.
Lugar: 21 de diciembre de 1959
Obra publicada: Iridio (poemas, 2002), A flor de labios (2002), Razones para la redención del zafiro (2003), Si acaso hubiera (Si par hasard il y abatí), (2003, en colaboración), Le voile premier (El velo uno) (2003), Variaciones sobre cinco pinturas de Leonora carrington (2004), Atrás de la máscara (2004), Suelos en forma de laberinto/Rêveries en forme de labyrinthe.
Bibliografía utilizada